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“Croquetas ilegales” para denunciar el desperdicio de alimentos

Las croquetas son el símbolo de la campaña porque se elaboran a partir de productos ya elaborados.
Las croquetas son el símbolo de la campaña porque se elaboran a partir de productos ya elaborados.

AMPARO MONTEJANO – 21 de octubre de 2016.


El miércoles se entregaron en el Congreso de los Diputados 200.000 firmas y 100 croquetas. El objetivo: solicitar que se revisen las leyes que impiden aprovechar los alimentos ya cocinados en los comedores escolares.


La catalana Cristina Romero es la impulsora de esta iniciativa que ha logrado conseguir 225.000 firmas de apoyo a través de la plataforma de peticiones change.org.

El objeto de la petición es que se revise la ley de seguridad alimentaria y nutrición para que los excedentes de los comedores escolares puedan ser aprovechados por otras personas que necesiten comida.



Cristina denuncia que en los comedores escolares de nuestro país se desperdician a diario toneladas de comida. Aunque las cifras exactas se desconocen, un estudio del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente publicado en mayo de 2016 estima que “el volumen del desperdicio en los colegios de primaria oscila entre 60 y 100 gramos por alumno y comida, lo que equivale a decir que el volumen total en España es superior a los 10 millones de kilos al año”.


“10 millones de kilos de comida se tiran a la basura en los comedores escolares”


Las croquetas fueron cocinadas por la chef del restaurante Semproniana, Ada Parellada, otra de las defensoras de la iniciativa. Este alimento, como paradigma de la comida reaprovechada, se ha convertido en símbolo de la campaña con el hashtag #CroquetasIlegales.


Nevera Solidaria es un experimento de un bizkaino que decidió que no quería seguir viendo como los supermercados y restaurantes de su ciudad tiraban kilos de comida. Sus neveras están colocadas en la calle para que cualquiera pueda depositar y recoger alimentos.


A pesar de que la petición de Cristina llega ahora al Congreso, esta madre de 38 años lleva más de un año luchando por cambiar esta forma de proceder de los comedores escolares que considera un “despropósito”. Durante este tiempo Cristina ha recorrido centros educativos de todo el país para dar charlas de concienciación y proponer su alternativa a tirar a la basura la comida en buen estado de los comedores.


"Un centro escolar tiene que transmitir valores, y que los niños vean tirar comida no es el mejor ejemplo" – Cristina Romero


La propuesta queda ya ahora en manos del Congreso para que los parlamentarios la recojan y planteen su revisión. Un cambio positivo que facilitaría que los comedores organizaran un sistema por el cuál sus excedentes se donaran para ser aprovechados; y que además, educaría a los niños desde pequeños en la importancia del aprovechamiento de los alimentos.


El proyecto Espigoladors da una segunda oportunidad a las frutas y verduras “feas” y realiza talleres en colegios contra el despilfarro alimentario.


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