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Ocho refugiados cambian su vida gracias al ciclismo

A comienzos de este año, el equipo contaba con 5 refugiados de Eritrea. En la foto, junto con uno de los monitores de Holanda.
A comienzos de este año, el equipo contaba con 5 refugiados de Eritrea. En la foto, junto con uno de los monitores de Holanda.

Tras su auge en los años 90, y una época de crisis por dopaje en el ciclismo de competición, el ciclismo vuelve a estar de moda. Una actividad saludable que además, puede ser una gran terapia para aquellos que huyen del horror de la guerra.


El potencial de la bicicleta es indiscutible. Como medio de transporte, como forma de hacer ejercicio, como herramienta para la educación… y como medicina.

Esta es la filosofía del proyecto del ex ciclista amateur Mikel Gurrutxaga, que desde la ONG Proyecto Ciclista Solidario, y con el apoyo de empresa Ner Group ha llevado a cabo ya dos años este ambicioso proyecto: crear un equipo de ciclistas refugiados.

Ubicados en el municipio de Idiazábal, en la provincia de Guipúzcoa, los chicos refugiados se forman y entrenan durante cinco meses. Una manera de ofrecerles “una oportunidad y un cambio de vida a través del ciclismo”, según nos explica Mikel.

El año pasado fueron cinco chicos etíopes los beneficiarios del programa. Uno de ellos, Temesgen Mebrahtu, se ha convertido en ciclista profesional al fichar el pasado mes de junio por el equipo Burgos BH.


Temesgen Mebrahtu, uno de los sub-23 que formó parte del equipo en 2015 ya luce los colores del equipo Burgos BH.

Este año son seis eritreos y dos sirios los que forman parte del Ner Group Marco Polo Cycling Team. Daniel Abraham, Abel Gebrehiwet, Nahom Desale, Wedeb Fikadu, Firas Wardeh, Yohana Tesfay, Filmon Haile y Awet Gebremedin han pasado de vivir en un país en guerra a tener una motivación, la de entrenar a diario para obtener los mejores resultados en las carreras en las que participan por toda Europa.

Se alojan en una casa que el Ayuntamiento les cede, y aunque han necesitado ayuda psicológica para sobrellevar lo que han vivido en sus países de origen, lo que está claro es que este programa les ayuda a superar sus problemas.


“No nos obsesionan los resultados de las carreras, lo que deseamos es que se recuperen anímicamente, se formen en materias como los idiomas o la informática y vuelvan a tener ilusión por la vida y el ciclismo” – explica Mikel.


Una academia nacida para dar oportunidades a aquellos que no cuentan con los medios necesarios para desarrollar su talento, y una prueba más del gran poder de la bicicleta, con el que por supuesto, puedes colaborar.

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