Volver a Artículos

“Cuidar de los jóvenes vulnerables sería infinitamente más barato que abandonarlos”

Juanjo Ortega con su familia y una chica extutelada que acogió en su casa.
Juanjo Ortega con su familia y una chica extutelada que acogió en su casa.

AMPARO MONTEJANO - 10 de agosto de 2017.


Al cumplir los 18 años, los más de 42.000 niños tutelados por la Administración en nuestro país quedan desprotegidos.

Con una formación generalmente baja, el estigma de haber crecido lejos de su familia y, a menudo, falta de conocimientos culturales y habilidades sociales, estos chicos y chicas se ven obligados a enfrentarse solos al reto de sobrevivir.

Juanjo Ortega es el presidente de Punt de referència, una asociación de Barcelona que ayuda a jóvenes extutelados a dar este paso tan importante con alguien a su lado. Un lugar donde les ofrecen orientación laboral, habitacional y, lo más importante, confianza y compañía.


1. ¿Cómo llegan los jóvenes a Punt de Referència?
Los centros de acogida en los que viven les proponen venir cuando alcanzan la mayoría de edad. Les explican que no les va a solucionar la vida, pero que les ayudará a buscar soluciones.


2. ¿Con qué programas cuenta?
Referentes es el programa base. Se trata de una relación con voluntarios que acompañan a los jóvenes que necesitan orientación. Además tenemos programas de ayuda a la vivienda, de inserción laboral o para convivir en una casa.


3. ¿En qué consiste Referentes?
Es como recrear una relación entre paternal y de amistad. Un joven que ha vivido en un centro de tutela solo tiene dos referentes: chicos como él, con sus mismos problemas; y los educadores del centro con los cuales pierde el contacto.

Nuestros voluntarios no les darán un trabajo, pero sí confianza para que expresen miedos, dudas y les aconsejen o regañen cuando toque. No tienen familiares cercanos y necesitan un adulto en el que confiar.


“Es como recrear una relación entre paternal y de amistad"


4. ¿Cómo se decide qué voluntario ayuda a cada joven?
Los profesionales de Punt entrevistan a los jóvenes y a los voluntarios y los emparejan en función de sus perfiles. Si por lo que sea no funciona, se hace un cambio. En caso de que vaya bien, el voluntario hace de acompañante al menos 6 meses, porque es el tiempo mínimo para que la relación sea sólida y empiece a dar frutos.


5. ¿Qué es lo que más necesitan estos chicos y chicas?
Afecto, alguien que confíe en ellos y compañía. La iniciativa nace de una chica extutelada que explicaba que cuando salen de los centros, la administración les da cierto apoyo, pero su mayor problema es la soledad.

Yo escuché una entrevista en la que lo decía y, como en ese momento podía, participé en el primer grupo de referentes de la entidad, hace 20 años.


“Cuando salen de los centros, su mayor problema es la soledad”


6. ¿Se trata de una problemática invisible?
Totalmente. Solo es visible cuando los encontramos por la calle esnifando cola. No encuentran su espacio y la huída es esnifar para olvidar. Sin embargo el resto, que son muchos, son invisibles.

Hay dos grupos, los de aquí que provienen de familias desestructuradas, y los que llegan de otros países, que son un 80%. Estos niños tienen una realidad muy dura detrás: huyen de situaciones de violencia y pobreza extrema, sus familias les han empujado a emprender la aventura europea y tienen la obligación moral de enviarles dinero.

En sus países eran adultos y aquí vuelven a ser niños sin capacidad de trabajar porque no tienen formación. El shock emocional es muy fuerte.


7. ¿Influye mucho el apoyo en un joven en estas circunstancias?
Muchísimo. Para una persona en situación de vulnerabilidad extrema tener una estabilidad mínima, una vivienda en la que protegerse y el acompañamiento de alguien de confianza son la base para poder construir un proyecto de futuro. Todo lo demás es supervivencia.


“Solo es visible cuando los encontramos por la calle esnifando cola”


8. ¿Se trata de un servicio que debería prestar la administración pública?
La administración tiene dos escenarios posibles: que no se integren y sobrevivan como puedan, con lo que generarán problemas y más gasto social porque serán vulnerables crónicos; o que sean trabajadores que aporten al sistema.

Cuidarlos para que esto pase tiene un precio, pero es infinitamente más barato que dejarlos abandonados. Además de que es inmoral, por supuesto, pero incluso pragmáticamente es mejor.

Entidades como Punt de referencia son baratísimas. Tenemos 140 voluntarios y 6 profesionales. La proporción es bestial para el trabajo que hacemos.


9. ¿En las grandes ciudades es más complicada la integración?
En general sí, pero estar en un pueblo tampoco garantiza más solidaridad. Lo que es cierto es que en la ciudad hay más riesgo de caer en situaciones como la delincuencia o la prostitución, porque estos chicos son “carne fácil” para grupos organizados que se aprovechan de ellos.


“Son carne fácil para grupos organizados que se aprovechan de ellos”


10. ¿El entorno de los voluntarios forma parte de la experiencia?
Sí. Acompañar a alguien no quiere decir quedar sólo para analizar como le va. Hablas de cosas personales y lo integras en tu círculo de amistades.

Como mentor también haces de puente cultural, lo cuál es muy importante para los que vienen de fuera por cuestiones de idioma y costumbres. Por ejemplo, tenemos jóvenes musulmanes con una cultura que ellos no consideran machista, pero cuando conviven contigo ven que las relaciones de género aquí son diferentes.


11. ¿Cualquier persona puede ser mentor?
No. El objetivo primero y último es la protección del joven y tenemos una responsabilidad muy fuerte. Esto nos exige saber cosas de aquellos con los que los emparejamos y hemos detectado incluso personas vinculadas con la pederastia.

Evidentemente esto es una minoría, pero además también hay gente que no es apta porque acompañar a una persona significa tener una madurez y un cierto equilibro emocional. No puede venir alguien a buscar soluciones a sus propios problemas o suplir ausencias.

Por suerte, la inmensa mayoría es óptima y casi el único límite que tiene es el atrevimiento de tirarse a la piscina y probar esta experiencia.


“No puede venir alguien a buscar soluciones a sus propios problemas”



Volver a Artículos