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Música por los refugiados

Foto: Alice Hubers

Que mejor manera de apelar a la solidaridad de los jóvenes que a través de su mayor afición. El concierto Som Refugi celebrado en la sala Apolo de Barcelona hizo que artistas y fans se movieran juntos y sin fronteras a favor de los refugiados de Siria que están a punto de llegar.


El pasado 22 de octubre se celebró en Barcelona un concierto diferente en la Sala Apolo. Era jueves a las nueve de la noche y todas las personas que habían adquirido sus entradas para el concierto Som Refugi (Somos refugio) –un total de 1255, llegando al aforo completo– se dirigieron a la sala eterna de Barcelona.

Las entradas se vendieron a 12 euros a través de la web y a 15 en taquilla. Además, se creó una “fila cero” para aquellos que quisieran hacer donaciones aunque no pudieran asistir al concierto. Todo por una buena causa. Decir a los refugiados de Siria que son bienvenidos en Barcelona y recaudar fondos para que su llegada sea todo lo fácil que se pueda ser, dadas las circunstancias.

Los beneficios, alrededor de 16.000 euros entre entradas, fila cero y los ingresos generados en la barra el día del concierto, se destinaron íntegramente al comité catalán de ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), que los utilizará para habilitar los espacios de acogida, distribuir bienes, alimentos y agua entre los refugiados; así como en la higiene, escolarización de niños, e información sobre las peticiones de asilo y la inserción laboral.

Se trata de establecer una nueva vida desde cero, sin conocer nada del país al que llegan: ni la lengua, ni la cultura, ni las estructuras institucionales, por lo que ofrecerles ayuda es básico para que puedan volver a empezar.

El concierto se desarrolló dentro de la misma armonía que se pretendía transmitir. El cartel estaba compuesto por grandes artistas de la escena catalana, como Manos de Topo, Núria Graham, The New Raemon, Mishima, Nueva Vulcano, Pau Vallvé o Inspira, que no dejaron de demostrar su camaradería sobre el escenario durante las tres horas que duró el recital.

Pero lo mejor fue que en ese ambiente de amiguismo y con la sala a reventar, los músicos no solo fueron alternando sus actuaciones individuales, sino que además abrieron lazos a través de la música y ofrecieron al entregado público colaboraciones inesperadas. Es el caso de la de Núria Graham y Mishima, o la divertida interpretación conjunto de Joan Colomo, Za! y Esperit! que hizo subir la temperatura de la sala.

Una iniciativa original que combina música y solidaridad y que recibió, una vez más, una espectacular acogida en la capital catalana. Esto nos muestra, por un lado, que los jóvenes cada vez están mas concienciados sobre la importancia de ayudar a aquellos que lo necesitan; y por otro, sirve para animar a otras iniciativas a aventurarse con sus proyectos solidarios porque el público, ya lo ha demostrado, responde, actúa, y asiste cada vez con más fuerza a este tipo de eventos.

En este caso, la crisis de los refugiados de Siria ha tocado la sensibilidad de Europa de forma especial. Gracias a las nuevas tecnologías y a la labor de los periodistas, hemos visto imágenes muy duras de este éxodo que se ha convertido en el mayor de la historia tras el de la Segunda Guerra Mundial.

Pero lo verdaderamente importante es que esta solidaridad a través de la cultura es aplicable a otras causas. Y que la música, con su enorme poder, es una manera perfecta para transmitirlas.

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