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La higiene ecológica: un acuerdo increíble entre el planeta y tú

¿Cómo cambiamos nuestros hábitos para conseguir una higiene más ecológica? ¿Qué significa higiene ecológica? Algo tan rutinario como nuestra forma de cuidarnos merece que le dediquemos tiempo. Entre otras cosas porque es el reflejo de nuestro amor hacia nosotros y el planeta.

La ducha, cambiarse de ropa y calzado, lavarse las manos a menudo, cepillarse los dientes… Lo podríamos hacer con los ojos cerrados. Son los hábitos que aprendemos desde pequeños, que se reafirman en la escuela y que se mantienen a lo largo de la vida. Además, la higiene personal evita la aparición de enfermedades por lo que no debería pasar desapercibida. Con el paso del tiempo, los productos cambian. A veces, a una velocidad increíble. Las marcas de cosmética e higiene innovan en sus fórmulas para que todo sea más fácil, rápido y cómodo para nosotros, convirtiendo la rutina en algo más sofisticado y hasta divertido.

Lo que también evoluciona - y esto no es ninguna novedad- es la conciencia en torno al impacto ambiental. Ya sabemos que somos responsables de lo que hacemos y de las decisiones que tomamos. Pero es que eso también significa que es importante pensar en los productos de higiene que llegan a nuestro hogar. ¿Y si pudieran ser más sostenibles? ¿Más ecológicos? En definitiva, más respetuosos con el ambiente. Lo puedes hacer por ti, porque tu piel y tu bienestar saldrán ganando. Y lo puedes hacer por el planeta.

Si intentamos comer de forma ecológica y con productos de proximidad, si buscamos ropa con menos huella de residuos, si consumimos menos y reutilizamos más... ¿vamos a dejar de ser coherente en términos de higiene? El estilo de vida es global. No entiende de esferas.

Por higiene ecológica nos referimos a esos productos que, por cumplir una serie de requisitos, han conseguido el certificado ecológico. Por ejemplo, que el 95% de los ingredientes sean vegetales que proceden de la agricultura ecológica y un mínimo del 20% de todos los ingredientes, de la agricultura ecológica. El resto debe ceñirse a una lista de ingredientes naturales. Tampoco se permiten nanopartículas, transgénicos, ingredientes sometidos a irradiación, abonos químicos, pesticidas o herbicidas sintéticos, perfumes o colorantes sintéticos. Además, el agua utilizada es sostenible, se presenta en envases reciclables y no ha sido testado en animales. Por ejemplo, el desodorante natural, sin agentes nocivos para la piel que no sea antitranspirante, que no funcione con aerosol o que no lleve sales de aluminio. O el cepillo de dientes de bambú, que no utiliza plásticos y son biodegradables. La copa menstrual de silicona, más sostenible y más económica. O los jabones naturales, sin químicos y producidos desde el respeto por el planeta. A granel, mejor, para evitar los envases de plástico.

Elige este tipo de productos y cuando no puedas, intenta que sus envases sean de vidrio (así los podrás reutilizar) o eco-friendly y biodegradables. Siempre hay una forma de cuidar el planeta y cuidarte a ti. ¿No te parece un acuerdo increíble entre vosotros?

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