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Siempre nos quedará la alegría

¿Qué se siente cuando pasas veinte años de tu vida estudiando la depresión o el pesimismo? Eso fue lo que hizo el psicólogo Martin Seligman hasta que lo dejó todo para centrarse en la felicidad y el bienestar. Menudo cambio. ¿El motivo? Se dio cuenta de que los aspectos positivos habían sido olvidados por los investigadores en la materia y estaba convencido de que enseñar a la gente a ser feliz tenía sentido. El fundador de la psicología positiva, por cierto, ha reconocido muchas veces que desde entonces, es más optimista.

Si algo tiene claro Seligman es que lo de estar feliz sucede, como lo de quedarse dormido. Sin más. Eso sí, hasta llegar a la felicidad, cada uno tiene una responsabilidad: centrarse en dar valor a lo positivo y significativo de su vida. En este sentido, la alegría es una gran aliada que tiene mucho que decir.

Para empezar, nos diría que ya es hora de darle el protagonismo que se merece porque si la felicidad había sido olvidada, la alegría todavía más. Nosotros, este año, nos lo hemos tomado en serio y hemos celebrado el Día de la Alegría entrevistando a Andrés Velencoso.

Esta emoción positiva, junto a otros factores como son los compromisos, las relaciones sociales, la importancia y significado del entorno y los logros, determinan la felicidad y el bienestar de una persona. Porque la alegría tiene muchas cosas buenas. Para empezar, su mera presencia. Pero además, es una emoción que se contagia, crece sin límites cuando se comparte e incluso se puede enseñar.

¿Cuántas veces te ríes?

Cuidado porque esta es una pregunta trampa. Y es que más que contar el número de carcajadas, hay formas más sencillas de potenciar esa alegría. Por ejemplo, abrazando el sentido del humor en casa, en familia. Suena bien, ¿verdad? Como explican desde Faros, “tenemos la tendencia a pensar que el humor forma parte de nuestra composición genética, como los ojos azules o los pies grandes. Pero el sentido del humor es en realidad una calidad que se aprende y que se puede desarrollar en los niños.”

Reír es una forma de expresar la alegría y el gesto más visible en el rostro pero lo que no se ve, es igual de importante para nuestra salud:

-Activa la producción de endorfinas y por eso sentimos alivio y bienestar.
-Nos liberamos de tensiones.
-Promueve un sueño profundo y reparador.
-Mejora nuestro sistema inmunológico. La risa mejora el mecanismo de defensa natural del cuerpo al aumentar la cantidad de inmunoglobulinas y células T, las encargadas de proteger el cuerpo ante infecciones.
-Nos ayuda a tomar perspectiva ante los problemas.

Felicidad vs Alegría

La alegría no es la hermana pequeña de la felicidad. Es mucho más: es una forma de llegar a ella. Es un compromiso con nuestras ganas de estar en el presente, abrir el corazón y vivir plenamente. Así que, ¿por qué escoger cuando puedes sentir ambas?

La gran diferencia entre felicidad y alegría es que la primera supone una satisfacción emocional más duradera y depende de factores externos, como el amor o el estado de salud. En cambio, la alegría es una emoción transitoria que puede aparecer y desaparecer varias veces un mismo día. Baruch Spinoza, el llamado filósofo de la alegría, lo explica mejor cuando dice que la alegría "no está ligada a una causa exterior" sino interior y el mismísimo Friedrich Nietzsche nos animaba a cultivarla a través del trabajo con uno mismo.

A veces, estamos tan ocupados en perseguir y encontrar la felicidad eterna que nos perdemos las pequeñas cosas de la vida. Por suerte, siempre nos quedará la alegría.

Así que ahora, te proponemos un ejercicio. Escribe 3 cosas que te hagan sentir bien, que te hagan vibrar o te saquen una sonrisa.

¿Las tienes ya? ¿Por qué has escogido estas cosas y no otras? ¿Y dónde las encuentras?

Si resulta que no dependen de nada externo, lo que estás sintiendo es alegría. Así que enhorabuena, porque ya has dado el primer paso hacia la felicidad.

Ahora solo tienes que seguir por el mismo camino
pero es un buen plan, ¿no?

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